¿Qué terapias de COVID-19 están disponibles en EE.UU.?

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WASHINGTON (AP) – Los fármacos de Pfizer y Merck se unen a un puñado de otras terapias que han demostrado atenuar los peores efectos del virus. Pero cada tratamiento tiene diferentes ventajas y tiende a funcionar mejor para ciertos tipos de pacientes en diferentes etapas de la enfermedad.

A continuación, se describen los fármacos actuales contra el COVID-19 y su uso:

PÍLDORAS

Las píldoras de prescripción son las primeras terapias de COVID-19 que no requieren infusiones o inyecciones administradas por profesionales de la salud. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizó el miércoles (22 de diciembre) el Paxlovid de Pfizer y el jueves (23 de diciembre) el molnupiravir de Merck.

El fármaco de Merck está destinado a los adultos con un resultado positivo en la prueba COVID-19, con síntomas tempranos y que se enfrentan a los mayores riesgos de hospitalización. El de Pfizer es para los mayores de 12 años que también corren el mayor riesgo de hospitalización.

Es probable que el medicamento de Pfizer se convierta en el tratamiento de primera elección contra el virus, debido a sus mayores beneficios y a sus menores efectos secundarios. El molnupiravir conlleva una advertencia contra su uso durante el embarazo y el potencial de causar defectos de nacimiento. La FDA también ha dicho que el molnupiravir debe considerarse sólo cuando no se disponga de otros tratamientos o éstos sean inadecuados para el paciente.

Ambos tratamientos deben iniciarse poco después de la aparición de los síntomas, lo que significa que los pacientes deben someterse a pruebas y a un diagnóstico rápido. Los expertos prevén que, con el tiempo, los antivirales podrían utilizarse en combinación para combatir el COVID-19, de forma similar a los medicamentos contra el VIH.

FÁRMACOS ANTICUERPOS

Desde hace más de un año, los medicamentos anticuerpos son el tratamiento de primera elección para los pacientes con síntomas tempranos de COVID-19 que aún no requieren hospitalización.

Tres de estos fármacos están autorizados como tratamiento en EE.UU. y han demostrado reducir el riesgo de hospitalización y muerte en un 70% o más cuando se administran en los 10 días siguientes a los síntomas. Se utilizan principalmente para adultos de alto riesgo con síntomas tempranos de COVID-19, pero también se emplean ocasionalmente para intentar bloquear la infección en personas muy vulnerables al virus.

Sin embargo, la variante omicron está frenando el entusiasmo por ellos. Los fabricantes de fármacos Regeneron y Eli Lilly advirtieron recientemente que las pruebas de laboratorio sugieren que sus terapias de anticuerpos serán mucho menos potentes contra la variante omicron, que contiene docenas de mutaciones que dificultan que los tratamientos ataquen al virus.

La tercera opción, de la farmacéutica británica GlaxoSmithKline, parece ser la mejor posicionada para combatir el omicron, pero no está ampliamente disponible en Estados Unidos. Los fármacos tienen varias limitaciones: Tienen que ser infundidos o inyectados por un trabajador sanitario y son caros y complicados de fabricar.

TRATAMIENTOS HOSPITALARIOS

Remdesivir, una infusión antiviral, sigue siendo el único medicamento para pacientes hospitalizados que se dirige específicamente al coronavirus.

Se utiliza para los pacientes que necesitan oxígeno adicional pero no requieren máquinas de respiración. En esos casos se ha demostrado que reduce el tiempo de recuperación en varios días. Pero el fármaco ha caído en desgracia entre muchos médicos porque no ha demostrado mejorar la supervivencia. Y la Organización Mundial de la Salud no lo recomienda, dado su costo y la falta de beneficios claros.

Se ha demostrado que los esteroides -un elemento básico de la atención de urgencias- aumentan la supervivencia de los pacientes hospitalizados con COVID-19 al reducir la inflamación y otras reacciones del sistema inmunitario, que son las que provocan los peores efectos de la enfermedad en las fases avanzadas.

Las autoridades estadounidenses también han autorizado la administración de transfusiones de plasma sanguíneo procedente de personas que se han recuperado del COVID-19 a los nuevos infectados. Pero hay pocas pruebas de que esto reduzca significativamente la enfermedad y la muerte.

Un panel de expertos de EE.UU. concluyó que las pruebas son insuficientes para muchas personas y que no se recomienda para pacientes hospitalizados sin inmunidad deteriorada. Y la OMS recomendó recientemente que no se siga utilizando.