La decisión es incomprensible para los responsables del refugio de animales, que intentaron disuadir a la familia.
Una perra llamada Emma estaba muy apegada al su dueña, una anciana de Richmond (Virginia) cuyo estado de salud había empeorado hace algunos meses.
Antes de morir, la anciana tomó una decisión que ha causado mucha polémica. La mujer dejó claro que al morir, quería que la perra fuera enterrada con ella. Pero el animal estaba perfectamente de salud, no estaba enfermo.
Por este motivo, al morir su dueña, Emma fue trasladada al Refugio de Animales del Condado de Chesterfield. Cuando los trabajadores se enteraron de la situación, intentaron convencer a los familiares para que no cumplieran la última voluntad de la anciana.
“Sugerimos en numerosas ocasiones que podrían dar al animal en adopción, porque era una perra a la que podríamos encontrar fácilmente un nuevo hogar”, relató Carrie Jones, la gerente del centro, a la cadena NBC.
A pesar de la insistencia y de las buenas intenciones de la protectora de animales, un representante de la mujer fallecida llegó al refugio para buscar a la mascota. Aunque los cuidadores volvieron a sugerir la adopción, la propuesta fue tajantemente rechazada y la perrita fue llevada a un veterinario local, donde recibió la eutanasia. Después, fue incinerada y entregada a la familia en una urna para que la pudieran enterrar al lado de su dueña.
Según las leyes del estado, en Virginia está permitido enterrar a dueños y mascotas en una zona determinada. En cuanto a la eutanasia en animales es legal siempre que la lleven a cabo veterinarios con licencia aunque éstos pueden negarse a practicarla si el animal está sano. Lamentablemente, esto no ocurrió y Emma, finalmente, murió.


