Enfermero trabajando en un campo dominado por mujeres

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Cuando Juan Pablo Norelo, un neoyorquino de padres ecuatorianos, estaba en una aula formándose profesionalmente en enfermería, todo su grupo de clases del Medgar Evers College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), sin excepción, eran mujeres.

En general, en todo el país solo el 13 por ciento de los profesionales de enfermería son hombres, pero esa proporción ha crecido constantemente desde 1960, cuando el número era del 2%, según un reporte del Washington Center for Equitable Growth.

“Yo era el único hombre y el único hispano en el grupo. Lo mismo pasa en la unidad del Hospital en donde trabajo. Obviamente es una carrera asociada con las mujeres, en donde nosotros somos minoría. Pero sí ha sido posible para mi integrarme a los equipos de trabajo”.

Juan Pablo, de 49 años, ejerce desde el año 2004 como enfermero en el área de emergencia del Hospital Woodhull de Brooklyn, uno de los once centros de salud pública de la ciudad de Nueva York, que en su historia reciente tuvo que enfrentar uno de sus capítulos más amargos, cuando la pandemia del COVID-19 puso contra las cuerdas a la Gran Manzana, pero con más fuerza a las salas de emergencia.

Pese a los grandes y duros desafíos que se plantean los profesionales de la salud, en donde incluso se observa una “migración” de estos trabajadores esenciales a otras áreas, buscando mejores remuneraciones, este neoyorquino sí se imagina entregando el resto de su vida a los pacientes.

“Quiero seguir sirviendo el resto de mi vida”, comentó.

La madre de Juan pablo nació en Quito y su padre en Guayaquil. Desde que empezó a crecer en Brooklyn, no olvida el poderoso mensaje de su familia sobre la importancia de servir a los demás, pero con herramientas profesionales.

Ahora, su hijo de 19 años también recibió ese legado.