Omar Sánchez Portillo dirige la Asociación de las Bienaventuranzas, que realiza actividades sociales y contiene a personas desamparadas en el departamento de Lima.
La Asociación de las Bienaventuranzas, ubicada en el distrito de Villa María del Triunfo, al sur del departamento de Lima (Perú), está albergando a 262 personas que fueron abandonadas, incluyendo niños, ancianos y adultos con discapacidades. El referente de la organización, el sacerdote Omar Sánchez Portillo, coordina las tareas colectivas para dar contención social y material a esos ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad.
Este hombre de 53 años no es el típico cura de la Iglesia Católica: tiene 17 tatuajes. Uno de ellos, en su espalda, lleva el nombre de una exnovia con la que convivió en Nueva York cuando era joven. En un brazo, su piel posee el número de una ley que dictó Hitler para encarcelar a homosexuales y enviarlos a campos de concentración, según dice, para recordar que algo así no se tendría que repetir. Sánchez Portillo es cura hace 20 años y hace 13 que encabeza la Asociación, pero igual intenta encontrar ratos libres para ver Friends, una de sus series preferidas.
Su labor cobró mayor visibilidad en 2018, cuando adoptó a un niño con síndrome de Down, quien había quedado huérfano al nacer. Pero su agrupación religiosa continuó recibiendo personas sin hogar ni sustento, incluso adultas. En efecto, de forma reciente el sacerdote publicó en sus redes sociales que una mujer fue abandonada para quedar al resguardo de los feligreses: «La han dejado a las 5:00 AM en la puerta de nuestra iglesia, en plena garúa, con una nota. Se llama Aida y tiene diabetes, inicios de esquizofrenia y presión alta. Recen por nosotros y si pueden, ayúdennos», escribió.
En Facebook, donde tiene más de 34.000 seguidores, también se mostró junto a dos menores, aparentemente adoptadas. Así, el cura suele compartir en redes sociales las actividades que hacen con los residentes, muchos de ellos con problemas de salud o capacidades diferentes.



