Los detractores del proyecto lo consideran una operación de propaganda del Gobierno regional, y critican que se haya destinado fondos públicos a su construcción en lugar de ampliar y dotar adecuadamente los hospitales ya existentes.
Mientras las cifras del coronavirus alcanzan dimensiones preocupantes en la Comunidad de Madrid, el Gobierno regional avanza en la construcción del que será el primer hospital especializado en pandemias de España. Aunque, así explicada, la iniciativa presenta una lógica impecable, lo cierto es que el contexto del sistema sanitario de Madrid y las particularidades de su gestión política arrojan más sombras que luces sobre este proyecto.
El Hospital Isabel Zendal, llamado así en honor de la primera enfermera que viajó en una expedición internacional para la vacunación de la viruela, pretende aportar 1.000 camas a la red de hospitales de la región, 50 de ellas para cuidados intensivos (UCI).
Además «estará dotado de las tecnologías sanitarias más avanzadas y preparado para ser un nuevo centro de referencia en materia de enfermedades contagiosas», según explican desde la Comunidad de Madrid, que ha adjudicado la construcción del nuevo hospital a 14 empresas del sector y a cuatro estudios de arquitectura.
Para acelerar la construcción de este nuevo y ambicioso centro médico se ha recurrido además a un innovador tipo de edificación aún poco frecuente en España, basada en el uso de módulos prefabricados.
La iniciativa fue orgullosamente anunciada a finales del pasado mes de julio por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Incógnitas sin resolver
Sin embargo, el proyecto, que tiene un coste de 51,7 millones de euros, presenta todavía varias incógnitas que aumentan los recelos de sus detractores.
No está claro, por ejemplo, de dónde procederá el personal sanitario que trabaje en él. Desde la Consejería de Sanidad de la región se ha hablado erráticamente de médicos «voluntarios», y más tarde de médicos voluntarios pero remunerados. Pero lo cierto es que aún no se sabe qué tipo de contratación se efectuará para completar las plantillas necesarias ni si esos médicos y enfermeros tendrán que abandonar sus plazas en otros hospitales de la región, que se hallan gravemente infradotados de personal.
Tampoco está claro cuál sería el uso de este hospital una vez que se lograra superar la pandemia de coronavirus, por más que sus promotores políticos señalen su utilidad frente a «futuras epidemias».
En este sentido, la pregunta surge casi sola: ¿no sería mejor emplear los 51 millones de euros en mejorar la dotación de los hospitales que ya están en funcionamiento, mediante el saneamiento de sus estructuras y la contratación de personal suficiente?
«Inadecuado desvío de fondos públicos»
En un momento en que el sector sanitario del país, y en particular el de la región madrileña, estallan en protestas contra su precariedad laboral y contra la gestión administrativa del sistema de salud, la creación de este nuevo hospital y, especialmente, su presentación al público como una mejora decisiva en la respuesta asistencial al coronavirus está concitando más rechazo que aplausos.
La atención primaria atraviesa un momento de excepcional dificultad en España. Para hacerse una idea de la gravedad de la situación, tal vez baste el diagnóstico emitido por el Consejo General de Colegios Oficiales de España, que se refiere a una «atención primaria desbordada y al borde de la defunción».
Es en este panorama crítico en el que la inversión de más de 50 millones de euros en la construcción de un nuevo hospital se percibe como un «inadecuado desvío de fondos públicos que no podrán ser utilizados para otras necesidades, éstas sí urgentes y perentorias, para salvaguardar la salud de todos los madrileños, en los centros hospitalarios, de atención primaria y atención sociosanitaria», tal como denunció la Asociación Madrileña de Enfermería (AME) el pasado mes de julio.



