Tras balazos, niños LeBarón caminaron para salvarse

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People stand near the burned car where part of the nine murdered members of the Lebaron family were killed and burned during an ambush in Bavispe, Sonora mountains, Mexico, on November 5, 2019. - US President Donald Trump offered on November 5 to help Mexico "wage war" on its cartels after three women and six children from an American Mormon community were murdered in an area notorious for drug traffickers. (Photo by Herika MARTINEZ / AFP) / The erroneous mention appearing in the metadata of this photo has been modified in AFP systems in the following manner: byline should read [Herika MARTINEZ] instead of [STRINGER]. Please immediately remove the erroneous mention from all your online services and delete it from your servers. If you have been authorized by AFP to distribute it to third parties, please ensure that the same actions are carried out by them. Failure to promptly comply with these instructions will entail liability on your part for any continued or post notification usage. Therefore we thank you very much for all your attention and prompt action. We are sorry for the inconvenience this notification may cause and remain at your disposal for any further information you may require. (Photo by HERIKA MARTINEZ/AFP via Getty Images)

Después de una “lluvia de balas”, niños sobrevivientes de la emboscada a los LeBarón trataron de salvarse.

(CNN) — La cara de Lafe Langford se congela con incredulidad después de que nueve de sus familiares fueron asesinados.

Han pasado dos días desde que hombres armados tendieron una emboscada a un convoy de madres y niños en el norte de México, matando a tres mujeres y seis de sus hijos.

Ahora, se entera que dos de los niños que sobrevivieron al ataque caminaron durante horas tratando de obtener ayuda.

“Todavía están surgiendo muchos detalles”, dijo Langford a “New Day” de CNN el miércoles. “Hemos estado conociendo muchos hechos y verdades e historias increíbles de los sobrevivientes mientras se recuperan en los hospitales”.

Las nueve víctimas asesinadas, que tenían doble ciudadanía estadounidense-mexicana, eran miembros de una comunidad mormona que parecía ser fundamentalista. La comunidad está separada de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Este lunes, las tres madres conducían en caravana a manera de protección mientras se dirigían a ver a otros miembros de la familia.

“De repente, las balas llovieron desde arriba, desde lo alto de una colina, encima de ellas”, dijo Langford. “Las madres estaban muertas. Había siete niños heridos que estaban vivos”.

Según los jóvenes sobrevivientes, “una vez que cesaron los disparos, estos hombres salieron de la montaña y sacaron a todos estos niños que aún estaban vivos”, dijo Langford.

“Básicamente les dijeron que salieran de aquí. Entonces inmediatamente comenzaron a caminar hacia su casa”, turnándose para llevar a un niño que resultó gravemente herido.

Se maravilló de las “acciones heroicas” de los niños que intentaron ayudarse mutuamente en la remota zona montañosa cerca de la frontera Sonora-Chihuahua.

Es difícil procesar “la soledad que sintieron en esas montañas durante horas y horas, todos disparados y heridos, cargándose en sus brazos”, dijo Langford.

Devin Blake Langford, de 13 años, vio morir a su madre y sus dos hermanos.

“Lo que Devin nos ha dicho es que uno de los tres vehículos fue impactado y luego incendiado”, dijo Lafe Langford.

Devin escondió a seis de sus hermanos en arbustos y los cubrió con ramas para “mantenerlos a salvo mientras buscaba ayuda”, escribió en Facebook otro pariente, Kendra Lee Miller.

Al anochecer, McKenzie Langford, de 9 años, quien recibió un disparo en la muñeca, se preocupó por Devin y dijo: “Tengo que ir a buscarlo”, dijo Lafe Langford.

“Tenía una bala en la muñeca, pero sin embargo, probablemente estaba en la mejor forma para caminar en ese punto. Y así se fue”, dijo Langford.

“Y la encontramos por sus pequeñas huellas. Tomó el camino equivocado. Seis horas más tarde, vimos que sus huellas tenían un zapato, y luego un pie descalzo porque tenía que quitarse los zapatos y sus pies estaban hinchados y cubiertos de ampollas cuando la encontraron a las 9:30 de la noche”.

Pero McKenzie no se quejó de sus heridas.

“Lo primero que salió de su boca cuando vio a sus tíos fue: ‘Tenemos que regresar. Tenemos que regresar. Mis hermanos, mis hermanos y hermanas están muriendo. Están sangrando, les dispararon. Tenemos que ir a rescatarlos. Y eso es todo lo que le importaba”, dijo Langford.

“Lo que pasaron, lo que experimentaron, no tenemos la capacidad de imaginar lo que pasaron estos niños”.