Saqueos y desesperación en Venezuela tras 5 días “a oscuras”

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Sin internet, celulares, bancos, cajeros automáticos, cocinas eléctricas o aire acondicionado, la vida cotidiana es casi insoportable para muchos.

El gobierno de Venezuela ordenó el cierre de escuelas y empresas el lunes por los cortes de electricidad, que ya dura cinco días. La oposición asegura que al menos 17 personas fallecieron a causa del apagón. Algunos residentes en la capital, Caracas, hablaron con la BBC sobre su creciente desesperación.

Cada hora sin electricidad causa más estragos y caos en Venezuela, un país que ya está al límite.

“Los colectivos“, pandillas de motociclistas con respaldo oficial, recorren las oscuras calles imponiendo orden a punta de pistola mientras se suceden episodios esporádicos de saqueos en medio de la desesperación.

Por su propia naturaleza, es difícil obtener una imagen clara de la situación del apagón en los últimos cuatro días.

Muchas partes del país aún están aisladas y es difícil conocer los detalles de su situación. Incluso cuando la electricidad vuelve, suele ser irregular y dura unas pocas horas antes de irse otra vez.

Lo que parece evidente es que desde que se produjo el corte de energía, el pasado jueves, grandes sectores de Venezuela tienen dificultades para salir adelante.

Sin internet, celulares, bancos, cajeros automáticos, cocinas eléctricas o aire acondicionado, la vida cotidiana es casi insoportable para muchos, especialmente en comunidades con bajos ingresos.

Al límite

No es de extrañar que algunos estén a punto de venirse abajo.

“Tengo un hijo de dos años. Ayer por la noche no había nada para comer“, dice Majorie, visiblemente enojada frente a un supermercado en el barrio de Terrazas del Club Hípico, en Caracas.

Una tienda cerca de su casa fue saqueada, cuenta, y un vecino le dio un poco de arroz hervido.

“Lo licué, le agregué un poco de azúcar y se lo di a mi hijo. Pero hoy, cuando me pida comida, ¿qué le voy a dar? Yo puedo soportar el hambre. Como adultos, podemos pasar con un vaso de agua. Pero ¿qué se supone que tiene que hacer un niño?”

Mientras hablamos con Majorie, detrás nuestro un grupo de madres, igualmente desesperadas y angustiadas, comienza a golpear las puertas de un supermercado cerrado exigiendo que las dejen entrar.

En el interior, las cajas registradoras y las máquinas de tarjetas no funcionan y el personal solo acepta pagos en dólares estadounidenses.

“No usamos dólares en este país, no ganamos en dólares, ganamos en bolívares”, dice Majorie, alzando la voz una vez más. “No queremos saquear tiendas, no queremos causar problemas. Lo que queremos es comida. Tenemos hambre“, añade.