¿Por qué ser agradecido es tan bueno para tu salud?

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Nota del editor: Richard Gunderman es profesor de medicina, artes liberales y filantropía en la Universidad de Indiana.

(CNN) — Como médico, he ayudado a cuidar a muchos pacientes y familias cuyas vidas han sido dañadas por enfermedades y lesiones graves.

En medio de tales catástrofes, puede ser difícil encontrar una causa para otra cosa que lamentar.

Sin embargo, el Día de Acción de Gracias nos ofrece la oportunidad de desarrollar uno de los hábitos más saludables, más afirmativos y de convivencia: el de contar y regocijarnos en nuestras bendiciones.

Beneficios de la gratitud

Las investigaciones muestran que las personas agradecidas tienden a ser saludables y felices. Exhiben niveles más bajos de estrés y depresión, lidian mejor con la adversidad y duermen mejor. Tienden a ser más felices y más satisfechos con la vida. Incluso sus parejas tienden a estar más contentas con sus relaciones.

Quizás cuando estamos más enfocados en las cosas buenas que disfrutamos en la vida, tenemos más por lo que vivir y tendemos a cuidarnos mejor a nosotros mismos y a los demás.

Cuando los investigadores pidieron a las personas que reflexionaran sobre la semana pasada y escribieran sobre cosas que los irritaron o sobre las cuales se sintieron agradecidos, los encargados de recordar cosas buenas son más optimistas, se sienten mejor acerca de sus vidas y visitan menos a sus médicos.

No es sorprendente que recibir agradecimientos haga a las personas más felices, pero también lo hace expresar gratitud. Un experimento que pidió a los participantes que escribieran y entregaran notas de agradecimiento encontró grandes aumentos en los niveles informados de felicidad, un beneficio que duró todo un mes.

Raíces filosóficas

Una de las mentes más grandes de la historia occidental, el filósofo griego Aristóteles, argumentó que nos convertimos en lo que habitualmente hacemos. Al cambiar nuestros hábitos, podemos llegar a ser seres humanos más agradecidos.

Si pasamos nuestros días reflexionando sobre todo lo que ha ido mal y cuán oscuras aparecen las perspectivas para el futuro, nos podemos llevar a nosotros mismos a pensar en la miseria y el resentimiento.

Pero también podemos moldearnos en el tipo de personas que buscan, reconocen y celebran todo lo que debemos agradecer.

Esto no quiere decir que alguien deba convertirse en una Pollyanna, recitando sin cesar el mantra del “Cándido” de Voltaire: “Todo es lo mejor en este, el mejor de todos los mundos posibles”. Hay injusticias que corregir y heridas que curar, e ignorarlas representaría un lapso de responsabilidad moral.

Pero las razones para hacer del mundo un lugar mejor nunca deberían cegarnos ante las muchas cosas buenas que ya ofrece. ¿Cómo podemos ser compasivos y generosos si estamos obsesionados con la deficiencia? Esto explica por qué el gran estadista romano Cicerón llamó a la gratitud no solo la mayor de las virtudes sino la “madre” de todas ellas.

Raíces religiosas

La gratitud está profundamente arraigada en muchas tradiciones religiosas. En el judaísmo, las primeras palabras de la oración de la mañana podrían traducirse: “Gracias”. Otro dicho aborda la pregunta: “¿Quién es rico?” con esta respuesta: “Los que se regocijan en lo que tienen”.

Desde una perspectiva cristiana, también, la gratitud y la acción de gracias son vitales. Antes de que Jesús compartiera su última comida con sus discípulos, da gracias. Una parte tan vital de la vida cristiana es la gratitud que el autor y crítico GK Chesterton lo llama “la forma más elevada de pensamiento”.

La gratitud también juega un papel esencial en el islam. El capítulo 55 del Corán enumera todas las cosas por las que los seres humanos deben estar agradecidos: el sol, la luna, las nubes, la lluvia, el aire, la hierba, los animales, las plantas, los ríos y los océanos, y luego pregunta: “¿Cómo puede una persona sensible ser cualquier cosa menos agradecido con Dios?”.

Otras tradiciones también enfatizan la importancia del agradecimiento. Los festivales hindúes celebran las bendiciones y ofrecen gracias por ellas. En el budismo, la gratitud desarrolla paciencia y sirve como antídoto contra la avaricia, el sentido corrosivo de que nunca tenemos suficiente.

Raíces incluso en el sufrimiento

En su libro de 1994, “Una vida completamente nueva”, el profesor de inglés de la Universidad de Duke Reynolds Price describe cómo su batalla contra un tumor de la médula espinal que lo dejó parcialmente paralizado también le enseñó mucho sobre lo que realmente significa vivir.

Después de la cirugía, Price describe “una especie de beatitud aturdida”. Con el tiempo, aunque disminuido de muchas maneras por su tumor y su tratamiento, aprende a prestar más atención al mundo que lo rodea y a los que lo pueblan.

Reflexionando sobre el cambio en su escritura, Price observa que sus libros difieren en muchos aspectos de los que escribió cuando era más joven. Incluso su letra, dice, “se parece muy poco a la del hombre que era en el momento de su diagnóstico”.

“Malhumorado como es, es más alto, más legible, y con más aire y zancada. Y baja del brazo de un hombre agradecido”.

Un roce con la muerte puede abrir nuestros ojos. Algunos de nosotros emergemos con una profunda apreciación por la preciosidad de cada día, un sentido más claro de nuestras prioridades reales y un compromiso renovado para celebrar la vida. En resumen, podemos estar más agradecidos y más vivos que nunca.

Practicando la gratitud

Cuando se trata de practicar la gratitud, una trampa para evitar es ubicar la felicidad en las cosas que nos hacen sentir mejor, o simplemente mejores que los demás. En mi opinión, tal pensamiento puede fomentar la envidia y los celos.

Hay maravillosos aspectos en los que somos igualmente bendecidos: el mismo sol brilla sobre cada uno de nosotros, todos comenzamos cada día con las mismas 24 horas, y cada uno de nosotros disfruta del uso gratuito de uno de los más complejos y poderosos recursos en el universo, el cerebro humano.

Gran parte de nuestra cultura parece apuntar a cultivar una actitud de deficiencia; por ejemplo, la mayoría de los anuncios apuntan a hacernos pensar que para encontrar la felicidad debemos comprar algo. Sin embargo, la mayoría de las mejores cosas de la vida, la belleza de la naturaleza, la conversación y el amor, son gratuitas.

Hay muchas formas de cultivar una disposición de agradecimiento. Una es hacer el hábito de dar gracias regularmente, al comienzo del día, en las comidas y cosas por el estilo, y al final del día.

Asimismo, los días festivos, las semanas, las estaciones y los años se pueden marcar con agradecimientos: oración o meditación de agradecimiento, escribir notas de agradecimiento, mantener un diario de agradecimiento y buscar conscientemente las bendiciones en las situaciones que surjan.

La gratitud puede convertirse en una forma de vida, y al desarrollar el hábito simple de contar nuestras bendiciones, podemos mejorar el grado en que somos verdaderamente bendecidos.