Dice un precepto cristiano que "no es lo que entra por la boca lo que hace daño, sino lo que sale de ella"; pero en el caso de las personas que padecen alergias alimentarias, ingerir una simple comida para saciar el hambre o complacer al paladar puede representar un paso entre la vida y la muerte.
En Estados Unidos cerca del cuatro por ciento de la población adulta y un cinco por ciento de los niños pequeños tienen alergia alimentaria, un padecimiento al que el Departamento de Salud dedica anualmente una semana de atención –del 8 al 14 de mayo- a nivel nacional, en reconocimiento a quienes libran la batalla de estar expuestos a ciertos alimentos que pueden desencadenar una reacción potencialmente mortal.
Las personas que padecen alergia alimentaria deben evitar ciertos alimentos y estar en constante guardia contra la exposición accidental a los alérgenos ocultos. Usted podría estar confrontando esta afección si presenta, por ejemplo: edema labial y lingual o prurito (picazón) en el área de la boca, náuseas y vómitos, dolor abdominal, diarreas, comezón anal, tos espasmódica, erupciones en la piel, dolor de cabeza e insomnio.
Los alérgenos alimentarios más comunes que afectan a los americanos están presentes en la leche, el huevo, el maní, los frutos secos, la soja, el trigo, el pescado y los crustáceos.
El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, siglas en inglés), trabaja con 34 organizaciones profesionales, grupos de defensa de pacientes y agencias federales para desarrollar nuevas directrices para el diagnóstico y gestión de la alergia alimentaria, y se espera que para el verano próximo se den a conocer algunos puntos clave para los pacientes.