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EDITORIAL
Publicado el 12-06-2010

El tira y jala de la política pone en peligro el Dream Act

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El martes pasado, después de la reunión en la Casa Blanca entre el presidente Obama y los líderes legislativos de ambos partidos, los republicanos hablaron de encontrar puntos en común y se reconoció públicamente la actitud del mandatario de dialogar con la oposición.

En ese encuentro se acordó formar un panel integrado por funcionarios del gobierno y legisladores para negociar la extensión de los recortes de impuestos que caducan a fin de año. ¿Es ésta la señal de un nuevo clima conciliatorio después de la elección de noviembre? No, es más de lo mismo de los dos últimos años.

Al día siguiente, la bancada republicana del Senado envío una carta al líder demócrata advirtiéndole que bloquearán toda acción de la Cámara Alta si no se aprueba el financiamiento del gobierno federal y la extensión de todos los recortes de impuestos.

Esta actitud condena al fracaso todas la iniciativas demócratas, desde el Dream Act, a la ratificación de un tratado de armas nucleares y la eliminación de la política actual del Pentágono hacia los gays, sino se hace caso a la oposición.

Ni se hable de la extensión de los beneficios de desempleo que acaba de vencer privándole a cientos de miles de desocupados dinero para sobrevivir. Esta no es una preocupación para la bancada republicana, como sí lo es reducir $700 mil millones a contribuyentes con ingresos anuales superiores a $250,000. Tampoco se diga del impacto en la economía. El dinero entregado a los desempleados se gasta de una vez moviendo la economía mientras que la reducción impositiva a los más pudientes no tiene ese efecto inmediato.

El ultimátum republicano no deja espacio para una negociación. No significa que si logran su cometido sobre los impuestos, ellos respaldarán alguna propuesta demócrata. Su oferta es permitir, en el mejor de los casos, que haya un debate y quién sabe alguna votación sobre los temas de interés demócrata. Nada más.

Los votantes rechazaron en la última elección la falta de colaboración en Washington, la política destructiva del todo o nada. Hay mucho para preocuparse si este último tramo de la sesión legislativa es un ejemplo de lo que serán los próximos dos años.

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