Por Arelis Peña Brito
PROVIDENCE.- Para el artista ecuatoriano Agustín Patiño los murales que pinta en espacios públicos son su conexión directa con la gente, una forma de expresión que trasciende culturas y fronteras, especies de lienzos gigantescos en los que a través de formas, dimensiones y colores comunica mensajes que crean conciencia sobre temas con trascendencia mundial.
Seguro de su talento, admite que podría tener mejor condición económica si se dedicara a pintar en forma privada, pero el arte público lo conquistó de tal manera que ha concentrado en esta manifestación toda su energía creativa durante los últimos cinco años.
Providence ha sido para él como su gran galería particular, teniendo en ésta una musa: la Broad Street.
“Para mí la Broad es la calle más ‘cool’ de Providence, la más bonita. Es el corazón de la ciudad. La vida en torno a ella hace que los murales tengan otra perspectiva”, comenta Patiño con una sonrisa, flechado irremediablemente por el movimiento, la cotidianidad y todo lo que envuelve esa arteria de esta ciudad capital, donde hace casi seis años pintó su primer mural en una pared junto al Supermercado Compare, que denominó “Plaza del Arte”, y en el que la tierra es el eje principal.
A este mural le siguió “Diálisis del Planeta”, en la fachada del Diálisis Center, una obra que le tomó casi dos años y con la que reivindicó al agua y su importancia para la salud de las personas y el medioambiente.
En este momento se encuentra enfrascado en un nuevo desafío: “The Air Museum”, que él prefiere traducir como “Babeles del Mar”, una colosal pintura tridimensional con un tamaño de 160 pies por 28 pies de altura, en la Wheeler School, en el East Side de Providence.
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