Dos hombres colgados de un puente de San Luis Potosí, el pasado 6 de septiembre, víctimas de la guerra interina de los Zetas.
México - Probablemente sea el acontecimiento más importante del año en el mundo del hampa. Los Zetas, el cartel más sanguinario de México, en vertiginosa expansión desde hace casi tres años, están en guerra entre ellos y los muertos se cuentan ya por decenas. Lo que era un rumor hace unos meses, fue confirmado días atrás por la Procuraduría (fiscalía) General de la República. Los dos capos de la organización criminal, Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, y Miguel Ángel Treviño Morales, Z-40, libran desde comienzos del verano una batalla por el liderazgo, el dinero y el territorio que de momento ha estallado en los Estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, en el noreste del país.
La ruptura de la banda augura una nueva espiral de sangre y podría cambiar por completo el escenario del combate al narcotráfico, que ha causado más de 55.000 muertes desde 2006, en vísperas de la vuelta al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Las primeras pistas de la división en la cúpula del grupo fundado por militares desertores, que devino en brazo armado del cartel del Golfo primero y, a partir de enero de 2010, en la brutal organización de narcotraficantes que se extiende desde Tejas hasta Guatemala, aparecieron a principios de junio, de acuerdo con una investigación de la revista Proceso. La captura de varios jefes de segundo nivel sin disparar un solo tiro por la Policía Federal y no por el Ejército o la Marina como es habitual; la colocación simultánea de narcomantas (pancartas) en el centro histórico de Zacatecas, Monterrey y Ciudad Mante advirtiendo de traiciones internas, y la posterior subida a YouTube de narcocorridos acusando a Z-40 de ser el “Judas de los Zetas” apuntaban la ruptura.