Las exageraciones y verdades a medias lamentablemente siempre han sido parte de la política, pero en los últimos tiempos el nivel del debate en Washington se ha deteriorado cada vez más. Como resultado, el problema se ha agudizado en la campaña presidencial de manera que la mentira llana parece ser hoy un recurso aceptable.
Un ejemplo de ello ha sido la reciente Convención Republicana que en su afán de criticar la gestión del Presidente se hicieron afirmaciones que contradicen la verdad.
Este el caso de la declaración de que la Casa Blanca pudo implementar una reforma migratoria, y otras leyes más, en los primeros dos años de Gobierno porque tenía un Congreso a prueba de veto. Los demócratas nunca tuvieron los dos tercios del Senado, incluso tuvieron dificultades para llegar a la cifra de 60 senadores -lo lograron por menos de 50 días, divididos en dos períodos- para evitar el bloqueo (filibuster) parlamentario de la oposición.
En este tema, el candidato a la vicepresidencia, Paul Ryan, parece ser el más peleado con la verdad y no solo porque recientemente se haya descubierto que mintió sobre sus logros como maratonista. En su discurso a la convención, Ryan repitió falsedades reconocidas como la intención de Obama de quitar la exigencia de trabajo de la asistencia pública.
Hay grupos políticos, no afiliados a las campañas, que aprovechan de su condición para mentir en su publicidad contra un rival. Lo distinto en esta oportunidad es que esas mentiras sean repetidas por los candidatos como ocurrió en la Convención de Tampa.
La hipocresía también estuvo a la orden del día como la crítica al Presidente que lanzó Ryan por no implementar las recomendaciones de una comisión a la que el mismo congresista se opuso.
No debe extrañar que una figura de la mayoría en la Cámara de Representantes como Ryan sea quien encabece esta estrategia. Aunque él nunca mencionó su pertenencia a un Congreso que obstruyó las propuestas presidenciales que hoy Ryan denuncia como inoperante.
Cuando se ha cuestionado esta falta a la verdad, la respuesta ha sido que la campaña republicana no dejará que su estrategia sea guiada por (fact chequers) quienes cotejan la verdad con las palabras de sus candidatos. En otra palabras, no permitirán que la verdad de los hechos sea una distracción de lo que quieren comunicar.
Nos preocupa que la mentira repetida a
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