prisión por intentar matar con un cuchillo a otra mujer llamada Dina Ybáñez. Aún así, nadie pensó en alertar a los tribunales ni al estado de Texas para reabrir el caso de DeLuna.
Hernández confesó en muchas ocasiones haber matado a Wanda López, bromeando con amigos y familiares sobre que su "tocayo" había pagado el pato. Las pruebas que no se tomaron, como restos de ADN, de sangre o huellas también impidieron involucrar a otra persona en el crimen. Todo lo que pudo salir mal salió mal.
Ahora 28 años después Liebman espera que su trabajo aliente a los estadounidenses a pensar más profundamente sobre la pena de muerte.
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