Mitt Romney, en New Hampshire.
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Washington - La lucha por ver quién será el inquilino de la Casa Blanca entre enero de 2013 y enero de 2017 ha entrado en una nueva fase de la que sólo saldremos a finales de junio.
Por un lado, Mitt Romney afronta primarias de puro trámite, en las que, más que saber si gana o no, lo importante es saber la participación y la ventaja que saca a sus rivales. Por otro, Barack Obama refuerza su campaña electoral. Y ambos pugnan en un escenario económico marcado por una nueva desaceleración de la economía, igual que pasó en el verano pasado, aunque en esta ocasión no parece que vaya a ser tan fuerte. De hecho, la creación de empleo en abril será de unos 120.000 puestos de trabajo, igual que en marzo y la mitad que en enero y febrero, según la newsletter financiera The Kiplinger Letter.
Así, Romney se ha impuesto sin problemas en los cinco estados que celebraban primarias hoy. Claro que su victoria debe ser cualificada por dos factores. Uno: todos esos territorios —Nueva York, Delaware, Pennsylvania, Connecticut y Rhode Island— son favorables a ese candidato: son centristas y tienen pocos votantes evangélicos y de ultraderecha, que son la parte del electorado republicano que más resistencia sigue ofreciendo a ese candidato. De hecho, con la excepción de Pennsylvania, esos estados ya están firmemente en la casilla de Barack Obama en la selecciones del 6 de noviembre.
Más preocupante para Romney es el segundo factor: la afluencia a las urnas fue patéticamente baja. A falta de datos definitivos, los medios de comunicación locales hablaban de una participación "anémica" (en Connecticut), "escasa" (Delaware), "baja" (Nueva York), o "patética" (Pennsylvania). Eso podría indicar el ‘vacío de entusiasmo’ de los republicanos hacia Romney, incluso cuando éste juega
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