Hispano se suma al 1% de inmigrantes que logran cancelar su deportación

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El hispano lleva viviendo 28 años en Estados Unidos.

Tras 28 años de vivir en los Estados Unidos y con una orden de deportación encima, Ángel Aldana logró, por fin, ver realizado su sueño de estar tranquilo en el país sin temor a ser expulsado.

La semana pasada, un juez de inmigración en Atlanta dictaminó que el originario de Hidalgo, México, debería permanecer en el país.

“La rara cancelación de expulsión, una especie de Ave María de argumentos legales, solo tiene éxito en 1 a 2 por ciento de los casos”, indica un reporte del AL.com.

El hombre de 49 años llegó en 1991 a EEUU y, después de unos años como trabajador agrícola, se mudó a Birmingham, donde encontró trabajo en restaurantes chinos. Su suerte cambió, ya que los propietarios ofrecieron viviendas a inmigrantes que no pueden lograr rentas tan fácilmente.

Al poco tiempo se casó con una paisana con quien tuvo dos hijos juntos y, tras el divorcio, Aldana asumió la custodia de sus dos niños.

Su hijo se enfermó del síndrome de Klippel-Trenaunay y, en medio de procesos médicos, Aldana decidió buscar la Residencia Permanente. Un abogado ubicado como Douglas Cooner, presentó una solicitud de asilo, pero nunca le dijo que no calificaba, así que solamente terminó poniéndolo en la mira de la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y en proceso de deportación.

La suerte del mexicano de 49 años cambió cuando conoció a Jessica Vosburgh, abogada y directora ejecutiva de Adelante Alabama, una organización sin fines de lucro que ayuda a inmigrantes.

La estrategia de la defensora fue probar que la deportación de su cliente desataría “dificultades extremas y excepcionalmente inusuales” a sus hijos ciudadanos.

El número de cancelaciones de expulsiones es limitado: 4,000 al año. Charles Kuck, un abogado de inmigración, experto en este tipo de casos, afirmó al portal que es muy difícil lograrlo.

“Básicamente tiene que ser una situación en la que sería desmesurado expulsar a esta persona del país”, dijo Kuck.

El caso de Aldana funcionó. La situación médica de su hijo fue argumento de peso, pero también el comportamiento del inmigrante, quien demostró que cumplica con el buen cáracter moral (GMC, en inglés), pues no había cometido delitos ni faltas, más que ser indocumentado.