Fracasa el mayor experimento en la prevención del VIH en la historia

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A pesar de su eficiencia en pacientes individuales, los tratamientos antirretrovirales no lograron reducir sustancialmente el número de contagios.

La fórmula para combatir la propagación del sida parece simple: realizar pruebas de VIH masivas e comenzar a tratar de inmediato a los portadores con fármacos antirretrovirales (ARV), para que de esta manera el virus quede reducido a tal nivel que el paciente ya no pueda infectar a otras personas.

O al menos eso es la estrategia antiepidémica promovida por muchos especialistas. Pero los resultados del mayor experimento basado en ella, presentado la semana pasada durante la conferencia CROI celebrada en Seattle, EE.UU., muestran una realidad desalentadora.

Y es que, a pesar de haber mostrado leves beneficios, el programa prácticamente no logró reducir la tasa de infecciones en el grupo de estudio donde más se esperaba observar este resultado, informa la revista Science.

¿Medicar de inmediato?

El experimento —que recibió el nombre de PopART como acrónimo de ‘Population Effects of Antiretroviral Therapy to Reduce HIV Transmission’ (Efectos poblacionales de la terapia antirretroviral para reducir el VIH)— comenzó en 2013 e incluyó a un millón de pacientes adultos de Zambia y Sudáfrica.

Si bien estas terapias habían resultado beneficiosas en pacientes individuales, el objetivo del proyecto era averiguar si el efecto benéfico se extendía a la comunidad como un todo. Para ello, los investigadores dividieron 21 poblaciones de manera aleatoria en tres grupos.

Uno (A) comenzó el tratamiento antirretroviral de inmediato para todos los que dieron positivo en la prueba de VIH; otro (B) se atuvo a los lineamientos vigentes en esos países, de modo que los fármacos solo fueron administrados a aquellos pacientes infectados que presentaban signos visibles de daño inmunológico; y un tercero (C) sirvió de grupo de control sin intervención médica en el marco del estudio.

Resultados decepcionantes

Tres años después, tras analizar las muestras de 12.000 participantes, los expertos hallaron que entre los integrantes del grupo B había 30 % menos de infectados que en el C; mientras que en el grupo A, que contenía una mayor proporción de pacientes tratados, el porcentaje de infectados fue tan solo 7 % menor al del grupo de control, es decir, una diferencia estadísticamente irrelevante.

Estos resultados decepcionaron a los autores del estudio, que inicialmente incluso pensaron que habían confundido las cifras del grupo A con las del B. Sin embargo, reiteradas verificaciones corroboraron los resultados.

Los autores del estudio admiten que «los ARV por sí solos no son la bala mágica» que soluciona el problema de la propagación del VIH y que «queda mucho trabajo por hacer» para explicar estos resultados. Y señalaron que los riesgos de infección pueden mantenerse altos a pesar del tratamiento a causa de factores como la migración de los infectados, así como el agrupamiento de redes sexuales con personas altamente contagiosas o la tendencia a actuar de manera más arriesgada.