Estuvo a punto de perder la vista por dormir con lentes de contacto

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Se confió en las instrucciones de sus lentillas y ahora está a un paso de necesitar un trasplante de córnea.

Un descuido que casi le cuesta la visión. Laura Reynolds usa lentes de contacto desde hace más de 20 años. Si bien admite que no siempre siguió las recomendaciones al pie de la letra, jamás tuvo inconvenientes mayores que una picazón. Sin embargo, en agosto del año pasado, el cansancio le jugó una mala pasada y cayó rendida en la cama con los lentes de contacto puestos. Lo que siguió fue una pesadilla que relató en un artículo para la revista Cosmopolitan.

“Un jueves por la noche, cuando me estaba quedando dormida, me picaba un ojo. En retrospectiva, debería haberme sacado los lentes de contacto en ese momento. Pero, para ser justos, estaba usando contactos de uso prolongado: ¡decía en la caja que se puede dormir con ellos!“, relató Reynolds.

Al día siguiente, se sacó los lentes de contacto y usó los anteojos, pero notó que sus ojos estaban más rojos y llorosos, situación que fue empeorando hasta que el domingo no pudo abrir uno de ellos.

Reynolds fue de urgencia al oculista: “Echó un vistazo y me dijo: ‘Esto es realmente malo’. Mientras me examinaba, me explicó que había desarrollado una úlcera que cubría mi pupila y mi córnea, básicamente, todo mi ojo. Le pregunté: ‘¿Voy a perder el ojo?’ (…) . Respondió: ‘No sé. Es posible que pierdas la visión’.

El oftalmólogo la derivó a un hospital en donde le indicaron que debían averiguar qué tipo de bacteria causaba la úlcera para poder recetar el medicamento correcto. Para esto, le aplicaron gotas que adormecieron su ojo y le rasparon la cornea con una cuchilla de afeitar para poder extraer una muestra y analizarla: “Después de que terminaron, nuevamente pregunté por el peor de los casos y me dijeron que era posible que nunca vuelva a tener visión en ese ojo”, relató Reynolds.

Una vez que tuvo el diagnóstico, le recetaron gotas que debía aplicarse cada 30 minutos, las 24 horas del día. No solo eso: las gotas debían estar refrigeradas, de modo que, si salía de la casa, tenía que llevarlas en una conservadora. Y por último, debía asistir al médico todos los días para que controlara su progreso.

“Me tomó alrededor de tres semanas comenzar a recuperar algo de visión. Ahora, han pasado unos meses y, aunque las cosas todavía se ven muy borrosas, he comenzado a distinguir formas. Afortunadamente, mi otro ojo está totalmente bien”, agregó Reynolds, aunque señaló: “Desafortunadamente, todavía no estoy fuera de peligro. Todavía puedo necesitar un trasplante de córnea. Literalmente toman la córnea de una persona muerta y la usan. Eso me asusta“.

¿Por qué motivo le pasó esto?
El médico de Reynolds le explicó que las lentes de contacto deben limpiarse con frecuencia y que no es recomendable dormir con ellas. “Cuando uno las usa mucho tiempo es posible que se acumulen bacterias entre el ojo y las lentes. Eso es lo que me pasó a mí: las bacterias crecieron y crecieron hasta que tuve una úlcera gigante”.

Tras esta experiencia, Reynolds brindó una serie de recomendaciones para aquellos que usan cotidianamente lentes de contacto:

Limpiarlas correctamente.
Darle descanso a los ojos: no usar las lentes durante más de doce horas seguidas.
¡Nunca dormir con las lentes puestas!
Considerar el uso de anteojos.