Donald Trump hace “bullying” y se burla de “opositor” por su peso

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Trump estaba a mitad de discurso cuando la multitud congregada para escucharle en un auditorio universitario comenzó a rugir. El presidente calló y miró hacia su espalda, donde se había iniciado una protesta en su contra.

Sus seguidores corearon “¡USA, USA!”, mientras el equipo de seguridad desalojaba a los manifestantes. El presidente, entre tanto, pareció seleccionar a uno de ellos para burlarse: “Este tipo tiene un problema serio de peso”, dijo, “vete a casa y haz ejercicio”.

La multitud comenzó a reírle la burla, y el presidente continuó: “Sáquenlo de aquí por favor, tiene un problema más grande del que yo tengo, tiene un problema más grande que cualquiera de nosotros”.

El diario The Washington Post ha señalado que no parece claro a quién se refería el presidente, puesto que en los vídeos del incidente se puede observar a varios manifestantes siendo acompañados por los equipos de seguridad fuera del recinto

Una periodista de la agencia de noticias Bloomberg ha resaltado que la persona que llamó a seguridad fue un seguidor de Trump ancho de hombros de gran tamaño corporal, sugiriendo así que pudo ser él a quien se refería el presidente.

El citado diario ha añadido este viernes que, efectivamente, la persona insultada era un seguidor de Trump, al que el presidente telefoneó después desde su avión y dejó un mensaje en su contestador automático, según una fuente de la Casa Blanca.

De acuerdo con el análisis médico hecho público en 2018 por la Casa Blanca, Trump, de 72 años, mide seis pies y tres pulgadas y pesa 239 libras. Este año informó de otro examen, pero en este caso no detalló el peso del presidente, asegurando sólo que tenía “buena salud”.

Según el citado diario, parece haber ganado peso, quizá por su dieta rica en carnes rojas, comida rápida y golosinas; más allá de jugar al golf, no se le conoce ejercicio o deporte alguno, aunque no fuma ni bebe alcohol.

Trump suele emplear de forma habitual motes o lanzar comentarios despectivos y en ocasiones racistas contra adversarios políticos, líderes internacionales o periodistas.

Cuando se trata de mujeres, por ejemplo, gusta de referirse a algunas como “cerda”, “cara de cerda” o “cerda gorda” (la periodista Gail Collins y la actriz Rosie O’Donnell, por ejemplo), o “cara de caballo” (la actriz porno Stormy Daniels, con la que supuestamente tuvo sexo y luego compró su silencio).