Descubren presencia humana de hace 30.000 años en Norteamérica

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Imagen de Free-Photos en Pixabay

Se determinó tras una investigación en la cueva de Chiquihuite, al norte de México, y desafía la hipótesis de que los primeros humanos en América estuvieron hace 15.000 años.

Un estudio publicado este miércoles reveló que América del Norte tuvo presencia humana hace 30.000 años, confrontando con la idea de que las personas están en el continente hace 15.000 años, una teoría sostenida hasta ahora.

El descubrimiento surgió al realizar excavaciones en una cueva llamada Chiquihuite, en el estado de Zacatecas, al norte de México. Se trata de una zona montañosa, «controlada por carteles de la droga», afirman desde la Universidad de Cambridge (Reino Unido). La entidad compartió la noticia porque Eske Willerslev, profesor en esa casa de estudios, fue uno de los coordinadores de la investigación.

«Estos primeros visitantes no ocuparon la cueva continuamente, creemos que la gente pasó parte del año allí utilizándola como refugio de invierno o verano, o como base para cazar durante la migración», comentó Willerslev. «Podría ser el hotel más antiguo de América», acotó.

«Son un enigma completo»

Ciprian Ardelean, arqueólogo de la Universidad de Zacatecas, fue otro de los directores del proyecto: «No sabemos quiénes eran, de dónde venían ni a dónde iban. Son un enigma completo», manifestó. En esa línea, sostuvo: «Asumimos falsamente que las poblaciones indígenas en las Américas de hoy son descendientes directos de los primeros estadounidenses, pero ahora no creemos que sea así».

Al respecto, añadió: «Cuando la famosa población de Clovis ingresó a EE.UU., los primeros estadounidenses habían desaparecido miles de años antes». De hecho, este experto indica que «podrían haber muchas colonizaciones fallidas que se perdieron en el tiempo y no dejaron rastros genéticos en la población actual».

Aquella cueva está ubicada a 2.750 metros sobre el nivel del mar. Allí descubrieron casi 2.000 herramientas de piedra y fragmentos de ellas, denominados como «escamas». Gracias al análisis de ADN en los restos de plantas y animales alrededor de dichos instrumentos históricos, se pudo determinar la antigüedad de la presencia humana.

Por otro lado, al no haber ADN de personas, se fortalece la hipótesis de que los primeros individuos del lugar no se habrían quedado mucho tiempo en ese sitio.