«Autismo» y «envenenamiento por mercurio», entre las mentiras de los antivacunas

0
301

Los antivacunas divulgan falsas creencias, como que la vacuna el sarampión puede conllevar riesgos que, en algunos, terminan con la muerte de los afectados.

Hace unos meses el Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York anunció una emergencia de salud pública debido a un brote de sarampión de 250 personas en Williamsburg, Brooklyn.

Hasta ahora, casi todos los niños que se han enfermado no están vacunados.

Las tasas de vacunación se han desplomado en el noroeste del Pacífico en los últimos años, ya que las mentiras sobre los peligros de las vacunas se han extendido.

La vacuna contra el sarampión es segura para casi todos y puede prevenir enfermedades debilitantes y la muerte, declaran departamentos de salud e informa el Business Insider.

Según el New York Times, la mayoría de los 285 casos recientes de sarampión en la ciudad de Nueva York se han concentrado en las comunidades jasídicas de Williamsburg y Borough Park, donde grandes grupos de niños no están vacunados.

Está claro que este brote de la enfermedad es prevenible.

La oposición a las vacunas, generalmente, se basa pseudociencia y falsos argumentos que, en ocasiones, ha sido respaldados por celebridades como Jenny McCarthy, quienes, con la ayuda de Oprah Winfrey, han dictado falsamente que la vacuna contra el sarampión ser peligrosa.

El sarampión es una enfermedad peligrosa. Produce fiebre alta y se suele estar enfermo por lo menos durante una semana”, contó el director de salud pública del condado de Clark, Alan Melnick, a Business Insider.

“Recuerdo que estuve en cama durante un largo período de tiempo con las persianas cerradas, porque cuando tienes los ojos rojos, padeces lo que se llama fotofobia, sensibilidad a la luz”, añadió.

Los niños menores de 5 años y los adultos mayores de 20 años tienen más probabilidades de desarrollar complicaciones por sarampión, como infecciones de oído y diarrea.

“Incluso sin complicaciones, no es muy agradable”, afirmó Melnick. “No se lo desearía en mi peor enemigo”.

Desafortunadamente, un médico con muy poco créidto, llamado Andrew Wakefield, ha llevado a muchas personas a creer erróneamente que existe un vínculo entre el autismo y la vacuna contra el sarampión.

El Consejo Médico General de Londres dictaminó que Wakefield actuó de manera poco ética al investigar un vínculo entre las vacunas contra el sarampión y el autismo. Desde entonces, ha sido despojado de su licencia médica.

La investigación de Wakefield sobre el autismo y las vacunas ha sido desacreditada. Su artículo principal sobre el tema ha sido retirado, y otros estudios desde entonces no han encontrado un vínculo entre el autismo y las vacunas.

Una investigación sugirió que parte de la motivación de Wakefield era el dinero.

En una ocasión, Wakefield “propuso comenzar una compañía que podría obtener grandes ganancias de las pruebas de diagnóstico viral”, descubrió el periodista Brian Deer en una investigación publicada en el BMJ, en 2011.

La vacuna contra el sarampión es una versión debilitada del virus vivo y no se contagia después de recibir la vacuna. Es posible que tenga algunos síntomas reactivos leves, como dolor en el brazo, una erupción en el lugar de la inyección o una fiebre leve, pero eso significa que su cuerpo está fortaleciendo su inmunidad.

Los oponentes a las vacunas a menudo argumentan que las compañías farmacéuticas venden vacunas para ganar dinero. En realidad, ganarían más dinero si no ofrecieran vacunas.

Las vacunas, que cuestan alrededor de $ 12 dólares cada una, proporcionan una protección barata contra enfermedades comunes. A diferencia de los medicamentos que tomamos cuando algo sale mal, una dosis de vacuna (o dos), por lo general, dura toda la vida.

Cada dólar gastado en la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola ahorra aproximadamente entre $14 y $26 dólares en costos de atención médica, incluidos los costos directos del cuidado de niños enfermos y mayores.

Como a Bill Gates le gusta señalar, las vacunas proporcionan un mejor retorno de la inversión que el mercado de valores.